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Algunos autores que han publicado en Sueños:

Ángel Luis Romo, Teresa Solano, Karlos Max, Elena Bohigas, Jesús G. Lobón, Félix Andrade, Marina Soria, María Sangüesa, Hacker Urbano, Rio chico, Raul Ciru, Annabel

 

22 de abril de 2.006

 

Te la dejaste el otro día

Como uno de tantos días, llego del trabajo cansado, hecho polvo, joder que mala racha estoy llevando, no hay forma de evitar los marrones que me deja el capullo del nuevo, eso de ser familia del jefe es la ostia...
Es mucho mas tarde que de costumbre, de madrugada ya, porque me he parado a comprar algo de cena. A las horas que son ya solo me faltaba tener que hacerme algo para cenar, paso. Al llegar al portal veo que definitivamente hoy no es mi día, el ascensor no funciona, vaya chasco, hasta el quinto a patita, voy a cagarme en...

Lentamente, como camino del matadero, subo las escaleras casi arrastrando los pies y con la cabeza a saber en qué mundo. Cuando me acerco a la tercera planta la luz se apaga, pillándome a 5 escalones escasos del vestíbulo, así que tan tranquilo. Pero la oscuridad me permite vez un débil halo de luz que proviene de una puerta a la izquierda. Es el tercero D, que se debe haber dejado la puerta abierta. Con un pelin de curiosidad me acerco hacia ella, intentando ver de donde viene esa pequeña luz.
El tipo que vive aquí es un personaje, le he visto tan solo 2 o 3 veces en todo lo que llevo viviendo aquí, y no he cruzado nunca ni una palabra con él, ya que responde con una pequeña sonrisa a los saludos que recibe. Eso de venir prácticamente a dormir es un chasco, porque las situaciones poco usuales me obligan a tener contacto con personas que casi no conozco, cosa que no me gusta ni un pelo. De él me han dicho que es rumano, que no, que es español pero su mujer era rumana antes de separarse, que no, que no era su mujer, sino la que limpiaba, total, un desmadre de información de esa de maruja que no tiene nada que hacer. Lo que sí es cierto es que a veces, tanto de día como ya de madrugada, en su casa hay ruidos como si se estuviera haciendo una obra, manda huevos, me alegro de no ser vecino directo suyo.
Estoy ya delante de la puerta, forzando mis ojos al máximo para intentar ver que hay dentro, y los oídos ni digamos, parezco un murciélago ya, pero nada, no veo ni oigo nada.
- Hola! Hay alguien ahí? Te has dejado la puerta abierta!- es todo lo que me sale, yo que sé, no querría importunar.
Pero no hay respuesta, de hecho, es que no se oye nada. Decido repetir por si acaso no se me ha oído o por si necesitase tiempo, pero con el mismo resultado. Probablemente se ha ido y se ha dejado abierta la puerta el tío este, quizá debería cerrarla y punto, o mejor, ni tocarla ni nada, y a casita que ya es hora.
Pero bueno, curioso que es uno, así que decido abrir un pelin la puerta asomando el cabezón. No se ve mas que las siluetas de los muebles de un recibidor pequeño, y la luz, que proviene de algún lugar de la derecha. Y si le ha pasado algo? Me pregunto, pero joder tío, no me seas cenizo, que leches le va a pasar a este. Creo que seria mejor que me diese ya media vuelta.
Mandando cerca la prudencia me adentro mas en la casa, viendo como hay un pasillo, y de la primera habitación de la derecha sale la luz, entorno de nuevo la puerta a mis espaldas, vaya tela. Echo un pequeño vistazo y veo que es el servicio, pero vacío.
-Hola! Hay alguien?- repito. Vaya una situación más embarazosa como ahora salga el tío este.
Pero nada, aquí no hay ni el tato, espera...
Me ha parecido oír un gemido o una vocecilla por ahí al fondo...
Avanzo por el pasillo, dejando atrás la luz del servicio. Según camino oigo de nuevo el gemido, si, es un gemido, hay alguien, joder mi corazón va a estallar, pero aquí que coño pasa?
La puerta de la habitación de donde creo que ha venido el gemido esta también entreabierta, así que tan solo debo empujarla. La oscuridad dentro es casi total, pero oigo como algo o alguien se mueve en su interior, estoy acojonado ya. Busco con mi mano a tientas el interruptor de la luz, pero para mi desgracia, después del “click” no aparece la luz, ni nada de nada, la habitación sigue a oscuras. La única cosa que se me ocurre es adentrarme en esa habitación con la pequeña luz del móvil, ya que ni tengo mechero ni nada que recuerde que de luz.
La luz del móvil me da poca visión, aunque la suficiente como para ver que delante de mí hay una cama, con alguien encima que empieza a moverse y gemir, a mí me va a dar un jodido pasmo, la madre que me parió. Noto que mis piernas pesan un huevo cuando decido avanzar un poco mas, y por fin, veo a la persona que esta en la cama. Es una mujer, atada con las manos al cabecero de la cama y con la boca tapada, amordazada con algo parecido a un pañuelo, que deja de moverse y me mira atentamente.
-Me cago en la puta pero que pasa aquí, tranquila que te desato en breve- le susurro mientras intento desatarle las manos.
Entre apagones de luz del móvil, mi acojone y mi torpeza habitual tardo un puto mundo en desatarla, mientras pienso en qué cojones voy a hacer si aparece el tío este ahora por la puerta, me estoy giñando en los pantalones y no tengo ni idea de qué puede estar pasando aquí, pero me tengo que ir cagando leches. Cuando he terminado de desatarla, le quito la mordaza, la tía está cañón total, y no deja de mirarme, sin contestar a lo que le he preguntado. Para mi sorpresa, rodea mi cuello con sus brazos, y mientras pienso que voy a tener que llevármela en brazos, me besa, fuerte, a saco. Yo estoy totalmente alucinado, pero bueno esta tía que hace? Mientras sigo preguntándome a qué viene todo esto, ella sigue besándome, mientras coge mis manos y me las pone por todo su cuerpo, en el culo, en la cintura, joder no sé que pasa pero esta salidísima. Mientras me besa me va quitando la camisa, yo ya no sé que hacer, la tía me está poniendo mas nervioso aún , y sin comprender nada de lo que pasa aquí, pero poco a poco me va dando igual, y voy cediendo al principio entre besos y miradas a la puerta de la habitación, y correspondiendo totalmente después sin importarme lo que pudiera pasar. En la cama nos hacemos de todo, ella no dice ni una palabra y prácticamente me viola, poniéndose encima, mirándome fijamente mientras se mueve suavemente en ocasiones y desatándose en otras, mientras yo me dejo llevar y hago lo que buenamente me deja, joder yo estoy flipando.
No sé cuanto tiempo llevamos así, pero no puedo aguantar mas y me corro, ella lo siente y suelta un pequeño grito, después, se deja caer encima de mí, quedándose inmóvil mientras los dos jadeamos.
De nuevo pierdo la noción del tiempo, aunque ha tenido que ser mas de un par de minutos, cuando de pronto oigo un pequeño ruido de algún lado de la casa, y más tarde otro, y otro. Una sucesión de ruidos y movimientos que me llevan a pensar que hay alguien trasteando algo por la casa, ajeno a lo que había pasado en la habitación. Mi extraña compañera me coge la cara, me besa y me dice, con un acento extraño “corre, vete” y se quita de encima mío con cuidado de no hacer ruido. Madre mía, de nuevo los nervios, me subo los pantalones lo mejor que puedo y busco a tientas mi camisa sin conseguirlo, a saber donde narices ha ido a parar, todo ello haciendo el menor ruido posible por supuesto. Me pongo a un lado de la puerta, con el corazón a mil, y estoy a punto de perder e sentido cuando oigo que esa persona viene hacia la habitación, con paso decidido. Me pego todo lo posible a la puerta y cierro los ojos totalmente cagado, pero para mi sorpresa, el dueño de esos pasos pasa de largo. Echándole los únicos huevos que me quedan, asomo la cabeza por el pasillo, sin ver a nadie, aunque ahora oigo que la TV se enciende. Tiene que ser ahora o nunca, así que todo lo rápido que puedo me quito los zapatos y salgo al pasillo, dirección de la puerta lo mas cautelosamente posible, no sin antes haber echado de nuevo otro vistazo.
Por fin estoy en el recibidor, y...la puerta sigue entreabierta!, así que no me lo pienso mas, y con cuidado, salgo, y subo las escaleras sin mirar atrás, hasta llegar a mi piso... a mi puerta... a mi casa.

No pude dormir toda la noche recordando todos aquellos sucesos extraños, la puerta, la chica, el polvazo, la huida, dios mío pero que pasaba allí?
Lo peor es que aun hoy sigo sin comprender nada, y mas cuando a los pocos días, al llegar del trabajo, había una camisa colgada de una percha en la puerta de mi casa con una nota:
“Te la dejaste el otro día”.

Fui victima de un voyeur? Fue una casualidad? Una locura? No tengo la menor idea, pero desde luego, lo repetiría...

 

Hacker Urbano

8 de abril de 2.006

Hoy voy a hacer
memoria de futuro

Descubriré tu dulzura improvisada
justo al fondo
del cajón de los deseos
Cuidaré tu sonrisa frágil
para que florezca
en el tiempo del silencio

Te reconoceré a lo lejos
a tu lado la vida, que te aprieta fuerte la mano
Correré a tu encuentro
para pasar contigo los semáforos en rojo
para tragarnos el miedo en chupitos de mistela
y cabalgar palabras
junto a las mujeres de tu vida

Me subiré en tu alfombra mágica
y recorreremos las nubes
para robarle al cielo
todos los sueños dormidos
Abrazaré tu alegría
y tus lágrimas, si me dejas
Intentaré hacerte feliz
por devolverte aunque sea en poquitos
todo esto que me has enseñado

Voy a robarte esa mirada de colores
esas deliciosas palabras,
y tus gestos, que bailan tango con las estrellas
Pero sólo para aprenderlos
y devolvértelos luego

Me agarraré a tu muñeca sin tiempo
para pasear contigo como Alicia
sin caminos y sin retos
con tu dulzura de hada
y el eco de tu magia
resonando
en el fondo de mis miedos


Vaivén

25 de febrero de 2.006

 

EL DIRECTOR ANTE LA CEJA


La ceja recibió al director en su oficina. Como siempre, sus pelos imponían respeto. Aquel día, la ceja estaba fruncida. Los resultados de la empresa no le satisfacían en absoluto. Cuando el director tomó asiento, la ceja se arqueó.

— Dígame, Rodríguez, ¿qué ha pasado este mes?

Rodríguez se escurrió en el asiento y su chaqueta se elevó por encima de los hombros.

—Señora Directora General, el mercado es competitivo y nuestra mercancía se ha quedado obsoleta.

A la ceja se le pusieron los “pelos de punta”.

—Está bien. Tendré que supervisar yo misma los pedidos. Acérquese.

El director obedeció sumiso. Con mucho esfuerzo, la ceja se encaramó sobre los ojos de Rodríguez desplazando la pelusilla blanca que brotaba en aquella parte de la frente.

—Inspeccionemos el almacén— ordenó la ceja.

Los empleados corrieron a sus puestos cuando vieron la expresión del director. Aquel vello negruzco y alborotado le confería una mirada inquisidora.
Cuando entraron en la sala de almacenaje, el director mostró a la ceja uno de sus productos estrella.

—Le demostraré que necesitamos materiales modernos—, dijo el director mientras colocaba una cuchilla en el mango de afeitar acercándosela a la frente. La ceja quedó esparcida por el suelo, y el director limpió la sangre que cubría sus ojos, pidiéndole disculpas.

 

Mercedes Martín Alfaya

18 de febrero de 2.006

MINIO

No me vengas con la neurosis embarrada en la acera. No me vengas con el oleducto de café escaldado en las venas. No me vengas con sandeces de sabio que luego va y se venga de todos por no haber tenido pigmentación para reflejar el cielo. No me vengas con esas que se dicen tijeras para cortar a tu antojo el hilo de la timba de esas cartas rojas que ves ante la mesa de juego de bolos. No me vengas ahora con que vas a recorrer el mundo en coche de caballos para no gastar el gasoil de ocho octanos el barril y medio. No me vengas, que me vayas con tila a otra parte donde ni llegues ni entres, ni salgas ni zozobres por la nieve.
No me vengas con miniar horas muertas, ni con mover un miñango de nada en otra parte del mundo. No me vengas con minués ni meublés ni monsieurs. No me vengas con el mirador de la ermita que no lo conoce nadie. No me vengas con la aurora roja ni la mala hierba en los prados verdes del camino de encinas que lleva a tu casa marchita. No me vengas con más tonterías de todo un poco ni con más miniaturas de ti mismo.

Leticia

11 de febrero de 2.006

 

La luna es hoy un inmenso disco nacarado en medio de la oscuridad del firmamento, un globo blanco e inmóvil, es un rostro redondo de mujer con sonrisa de Gioconda.
Una luna enigmática, distante y silenciosa. Solía encontrarla ahí arriba en los momentos de soledad, a veces envuelta en velos oscuros, otras diáfana, redonda y plena como el vientre de una embarazada, siempre al acecho mis noches blancas, testigo mudo y quizás indiferente de un sufrimiento absurdo e inútil.
Absurdo e inútil como la vida misma, cuando todo te da la espalda, cuando todo se pone de manos como un caballo desbocado. Un caballo negro, reluciente, con sus cascos alzados, el belfo tembloroso, crines al viento... Absurdo e inútil como los esfuerzos, las renuncias, las ilusiones o el amor... Absurdo e inútil como el propio olvido, que dicen que todo lo cura... ¿Quizás no supe amarla? ¿Quizás no le tendí esa mano que ella tanto esperaba? ¿Quizás fui egoísta y cobarde?
NADIE estaba allí... ningún ángel vino a salvarla en su caída... Los ángeles dormían sin duda. ¿Acaso, de saberlo, no hubieran extendido sus alas para amortiguar el choque de su pobre cuerpo contra el suelo?


CARPE DIEM

4 de febrero de 2.006

 


EL DESPERTAR DE LA CRISÁLIDA

 

Despierta aletargada mariposa,
regala tus encantos a ese viento
que de notas parece estar sediento
esperando tu baile perezosa.

Flotando está el suspiro de la rosa
que escapa del jardín en su lamento
más no temas que vano es el intento
sabiéndote vestida tan hermosa

Tomaste viento el bosque y la pradera
en demanda de sutiles colores
a galope cruzándote la esfera
sucumbiste rendido en sus albores.
Dormida la crisálida aún espera
rescatarte de tantos sinsabores.


Mercedes Martín Alfaya


28 de enero de 2.006

 

Pasa la vida
Me trae horarios y trenes
Algunas veces unos labios descansan en los míos
Y en el sueño las miradas

Pasa la vida
Me trae paseos de asfalto
Algunas veces unas lágrimas se mezclan con las mías
Y en el aire mil palabras


Pasa la vida
Pero no subes
Y es tarde
Y me sobran los labios, las lágrimas
Y las palabras


VAIVEN

 

21 de enero de 2.006

 

HAY DÍAS ACIAGOS......

Hay días aciagos en los que todo está manga por hombro, como en esas películas de los Hermanos Marx. Hubiera debido quedarme plácidamente en la cama, leyendo, fumándo ¡Pero tuve que levantarme! ¡Soy un cretino de cuidado!

En la oficina, salvé malamente el tipo. Por fin, llegó la tarde y con ella la invitación al brujuleo por ese Madrid nocturno, el de los crápulas como yo.

¿Quién me mandaba a mi entrar en aquel dichoso Pub de alterne? ¿Fue la maldita vanidad? Yo estaba allí para lucir palmito y epatar y por si “caía” algo..... Ella se presentó enseguida. ¡Nadie hubiera podido ignorarla! Puesta en sonido, hubiera sido algo estridente; en luz, un destello insostenible... Admiré su espléndida melena, como un halo dorado en torno a su cabeza....La mía, mi pobre cabeza, empezaba a darme vueltas. Alelado, apuré el whisky de un trago. Una voz interior me susurraba: “Esta tía es una fulana estrafalaria”, pero ¡qué narices, me había puesto como una moto!

Pegar la hebra fue facil. Formábamos una pareja llamativa. Yo percibía miradas de curiosidad, de envidia. Me sentía como el cazador que ha cobrado la mejor pieza y hubiera dado la piel de mi culo por que un paparazzi nos inmortalizara allí.

-“¿Damos un rulo?” –propuso- Me apresuré a pagar... pronto aparcábamos delante de mi portal.

¡Qué sino! la vecina del 4º paseaba a su perrito -esa salchicha asquerosa que se arrastra por el suelo- Su mirada nos taladró e intuí que era mejor pasarnos de presentaciones.... Arrastré a mi presa y de un empujón la hice entrar en el ascensor que, por suerte, estaba vacío.

Por fin la puerta, el manojo de llaves, las manos temblorosas, la llave que se niega a entrar en la cerradura y ¡cómo no! ¡el vecino de enfrente que se asoma y se queda de piedra ante la visión de mi acompañante!

“Buenas noches Don Jesús –dije con un hilo de voz- parece que el tiempo mejora, y como anochece enseguida... pues ¡a casita!” Carraspee ostensiblemente. Don Jesús me lanzó una mirada de inteligencia, no exenta de malicia y respondió -“Bueno hijo, usted sabrá”-

¡Por fin dentro! Le serví una copa mientras, ya en el sofá, iniciaba el ascenso desde su tobillo derecho hasta la rodilla. A mitad de camino, me dijo muy seriamente “Oye cielito, no tengas tanta prisa” Me va a pedir la pasta, pensé. ¡Lo tenía que haber imaginado! Los tios vamos siempre de “capullos” soltando pelas por todas partes.

Pero me equivocaba, no me pidió dinero. Se puso en pie y, muy lentamente, fue bajando el cierre de su ultra-mini falda hasta dejarla caer al suelo. Quedé petrificado ante la visón apocalíptica de un poderoso miembro viril, erguido entre las piernas de aquella “gatita de pub”. Sabía que aquel iba a ser un día aciago hasta el final ¡pero no hasta ese punto!

El resto fue como una pesadilla horrible....Ella, digo EL me perseguía con sus uñas afiladas y sus labios carnosos dispuestos a devorarme. Yo huía desesperado saltando obstáculos, lanzado gritos ahogados, sudando como un pollo en incubadora..... No paré hasta que logré atrincherarme en el cuarto de baño y aquí sigo. Hace tres días que Mademoiselle acampa en mi piso sin dejarme salir y estoy escribiendo esta pesadilla en los rollos de papel higiénico que tengo apilados en el armarito. Si sobrevivo a esta aventura, intentaré publicarla, pero me temo que la “Dama” o lo que sea ese ser que me tiene secuestrado en mi propia casa, es de armas tomar y que no va a moverse del sitio hasta que logre clavar sus dientes en mi pobre piel de imbecil.

 CARPE DIEM

 

6 de enero de 2.006

 

Un latido en el tiempo

                     

El crío se desangraba junto al portal de aquel lujoso bloque de apartamentos. Alguien advirtió la placa de “médico” en uno de los porteros automáticos.

–Se ha clavado el manillar de la bicicleta en la ingle –comenta el extraño a través del aparato.

–¡He dicho que no estoy de servicio!; llévenlo al hospital.

 

Cuando la ambulancia llegó, la gravedad del chaval era extrema. Ninguno de los transeúntes que se acercaron a socorrerle consiguió detener la hemorragia.

 

Han pasado muchos años, pero aquel médico aún siente un latigazo en el corazón cuando escucha el sonido del portero automático. “Quizás sea él, con su gorra torcida, sus vaqueros caídos y sus pecas sobre la nariz, diciendo ¡Papá, baja y me ayudas a subir la bici!”

  (Mercedes Martín Alfaya)