Rio chico
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Ambos hacía tiempo q
intercambiaban mensajes en un foro de Internet, se
conocían por sus nick's, ella escribía como "Blancanieves" y él era
conocido por "Lobonegro", la naturaleza de estos apodos y algo q no
podía precisarse, ayudo a establecer su relación.
El dialogo resultaba fluido y cordial, los gustos comunes por tantas
cosas hacía vislumbrar un futuro prometedor.
Ella, traslucía juventud y vitalidad, se interesaba por todo y se
entusiasmaba fácilmente con las historias contadas por él, q resultaba
como un poco de vuelta de casi todo.
Ella, soltera y de buen ver, tenía ganas de experimentar casi todo, se
colgó de Internet, del foro y de él sin apenas darse cuenta, como un
juego. Él, aunque felizmente casado hacía ya 23 años y con la parejita,
se encontraba en la edad del síndrome, contaba con 47 años, en su
mayoría dedicados al deber, la familia, el trabajo, la hipoteca, el
coche, el perro. sentía como q la vida no le había dado ni siquiera la
posibilidad de aventuras extramaritales, por lo q nunca había tenido q
negarse. Empezó en el foro a instancias de un compañero del trabajo y en
esas estaba, tratando de conquistar el aprecio o algo mas, de aquella
chavala tan simpática q tanto le atraía.
Como en cualquier otro foro, las verdades., solo algunas. El dijo
residir en un pueblo de Avila, ella le creyó, ¿por qué no?, ella dijo
estar emancipada y él lo creyó. así fue con eso y con muchas otras
cosas.
Un día, sin motivo aparente, a Blancanieves le surgió de pronto la
necesidad de conocer al hombre de sus sueños, ¿por qué no nos vemos?
-preguntó, y a él le gustó la idea, total ¿q podía perder?. A partir de
ese momento afloraron los nervios tanto de ella como de él, ¿q pasaría?,
¿como se reconocerían?, etc.
Llegó el día. Él comentó en su casa q debía hacer un breve viaje de
negocios a Barcelona y ella en la suya, q se iba a estudiar con Chelo,
una amiga de siempre. El corazón de ambos parecía saltarse las leyes
físicas, ella debía presentarse con un pañuelo rojo a modo de cinturón,
él con chaqueta, sin corbata y un pañuelo también rojo, en el bolsillo
superior.
Ella tenía el pañuelo guardado en el bolso mientras esperaba sola
sentada en una mesa algo discreta, él con el pañuelo semioculto se
paseaba por el local de baile donde habían quedado en El Escorial. ¡De
pronto!, él se estremece. Se queda como una estatua sin poder moverse y
ella lo ve, palidece, se levanta y se marcha corriendo sin volver la
mirada.
Como le justificaría a su padre su presencia en el local, y él ¿q hacía
él allí?. No podía ser, seguro q la casualidad no podía ser tan casual.
Q diría él en su casa, como le explicaría a su hija q lo del viaje a
Barcelona. pero. ¿q hacía ella sola esperando en aquella mesa?, ¿llevaba
el pañuelo?, juraría q no, pero. la duda tenía los dientes afilados.
Moraleja. NO PROTESTES
Julio se quedo anonadado, no se lo podía creer, le había vuelto a pasar
una vez mas, la Bolsa le había traicionado de nuevo y esta vez le había
pillado bien. Tan absorto estaba en sus pensamientos q no reparaba en el
hermoso sol de primavera q ponía sonido al trino de los pájaros del
floreado parque q estaba atravesando, no veía nada ni a nadie, incluso
se asusto cuando Gregorio le saludo al pasar.
Gregorio, desde el banco en el q estaba sentado, le increpo - ¡Hola
Julio!, ensimismado te veo, ¿donde vas tan de mañana?, - y añadió con
algo de sorna - ¿también te han jubilado?.
¡Buenos días!, Gregorio, - contestó Julio cuando consiguió reponerse -
¿con 42 años?, no hombre, ¿q dices?, solo q he tenido q salir de la
oficina a pasear un rato, para pensar, ya sabes.
- Pues si q te noto preocupado, ¿puedo hacer algo por
ti?, ahora soy
inmensamente rico en tiempo.
- No, gracias. Se trata de dinero, invertí en Chapuzas
S.A. y me han
dado un buen palo, pero. ahora q caigo, ¿tu no trabajabas en esa
empresa?.
- Efectivamente, las remodelaciones, reajustes,
fusiones, etc.
terminaron deshaciéndose de todos los q conocíamos los entresijos
de
la Empresa.
- Pero yo invertí en ella porque daba muchos
beneficios, hacían una
buena gestión y se estaban expandiendo por Europa.
- Hombre Julio, una buena gestión dices, sí una buena
gestión es
deshacerse indiscriminadamente de personal cualificado, para además
abrir mercados nuevos con personal mediocre, vale pero, ¿q quieres
q
te diga?. Puede ser bueno para según q cuentas de la Empresa, para
uno o dos años máximo.
- Dejémoslo, no me pillas en un buen día y te
encuentro muy
negativo.
- Como quieras, pero con tu experiencia veo raro q no
diversificaras, ¿invertiste todo en Chapuzas S.A.?.
- No, también me han pillado en ConArmas y CIA.
- ¡No me jodas!, pero si tu eras un ferviente defensor
del "NO A LA
GUERRA", ¿como es te has pasado a fabricarlas?
- Me estas arreglando el día. Discúlpame pero debo
volver a la
oficina, se me hace tarde.
- Pues nada Julio, q mejore el día y disfruta lo q
puedas.
Julio se marchó pensando q Gregorio no entendía nada de lo q le estaba
pasando. ¿Como podía él entender nada?, si le habían prejubilado con 50
años y no sabía de Bolsa ni lo q era un stop-loss. Sin saber como se
encontró pensando en cantidad de gestiones q había tenido q hacer para
solucionar un papeleo simple, de lo mal q le funcionaba el proveedor de
telefonía (¡coño! si están tratando de eliminar 15000 puestos de
trabajo), de las veces q había tenido q llamar a un 902 para aclarar una
duda, menos mal q en el caso de las armas Gregorio estaba equivocado, en
ConArmas y Cia solo se fabricaban piezas para los seguros de las
ametralladoras.
No por mucho madrugar amanece mas temprano
Aquellos Juegos
Pretendo
recuperar aquellos juegos q hicieron de mi infancia un espacio
temporal
pletórico de felicidad, corrían tiempos difíciles y en mi casa
no
se contaba a veces ni con lo imprescindible, pero cuando salía a la
calle,
me juntaba con los chavales del barrio y jugábamos hasta caer
rendidos,
no me acordaba ni de la merienda, q en los mejores casos
consistía
en pan con chocolate (Diego Valor, se llamaba entonces ¡y
traía
cromos!).
Aun
así, nunca me faltaron juegos, no se compraban en las tiendas, pero
el
abanico de soluciones era amplísimo, desde las chapas al güa (canicas
se
llamó después), pasando por el tacón, la lima, la taba, el rescate,
el
pañuelo, pídola y un etcétera interminable, junto al aire libre, la
competencia
y la imaginación lograron algo q hoy, viendo a los niños
recluidos
en casa con su ordenador, su consola, su vídeo y su teléfono
móvil,
parece un milagro.
En
casi todos los juegos se producían dos bandos q se enfrentaban entre
si
y empezaban con la selección de las especies, se echaba a suertes
entre
los dos elementos mas destacables o lideres de grupo para definir
quien
de ellos escogía primero a un componente de lo q después sería su
equipo,
luego escogía el otro, vuelta al primero y así sucesivamente
hasta
completar la terna. Ni q decir tiene q los líderes, lo eran por
algo
y escogían a su cuadrilla según las aptitudes de los compañeros
para
cada juego en cuestión, de manera q tenias q destacar o entrabas en
el
lote final o no jugabas porque no te quería nadie. Duro pero
estimulante,
jamas me aburrí.
Así
las cosas, empezábamos y solo acabábamos cuando después de
desgañitarse,
nuestras madres bajaban a buscarnos con la zapatilla en la
mano.
Los palillos chinos
Había q encontrarlos, junto al puesto de helados, en el parque, por
cualquier rincón. Se trataba de los palos de los polos, esos cachos de
hielo con colores, de fresa, de limón, de menta, usados por supuesto,
algunos, pocos eran propios, el resto de donde fuera. Una vez secos,
para lo q se ponían al sol, se pintaban de un lado azules y de otro
rojos, aun me acuerdo de esos lápices con la mitad de cada color, un
poco mas anchos quizás q un lápiz normal y q solo tenían los hijos de
algún funcionario, al q teníamos q pedírselo prestado o a cambio de
algún bien, generalmente cromos, canicas o chapas.
Bien, pues una vez conseguidos diez debidamente pintados por las dos
caras, cada una de un color, formado el consabido corro de
participantes, cada uno había pagado previamente el precio de la apuesta
q podía ser de dos o tres cromos y establecido por sorteo el orden de
participación, el primero lanzaba hacía arriba el puñado de palillos,
con especial cuidado y habilidad suficiente para q le permitiera girar
la mano lo mas estirada posible, de forma q los palillos lanzados,
cayeran todos o la mayor parte en el dorso de la mano, o de no ser así,
q los no recogidos, fueran todos del mismo color. De caer fuera del
alcance de la mano mas de un palillo de distinto color, el jugador
perdía su opción y se pasaba al siguiente.
Si se habían recogido todos los palillos con el dorso de la mano, el
jugador debía elegir el color al q deseaba apostar, en caso de haber
caído palillos fuera de la mano y coincidir en el color, el jugador
debía apañarse para depositar el resto de palillos q quedaran sobre el
dorso de su mano en el suelo o la mesa, (nunca podía ayudarse con la
otra mano) y siempre del mismo lado q el resto de los depositados
previamente o según el color elegido. Si lo conseguía, debía esperar
hasta completar la ronda y sí solo él lo había conseguido, se ganaba el
bote o apuestas del resto, si había mas contendientes q lo lograban,
podía repartirse el bote, o jugar entre ellos hasta q quedara uno solo.
Creo q le debo a este juego la longitud y destreza de mi mano derecha.
¡No vale!, ¡has perdido!, No, se ha caído.
El tacón
Último suspiro de un zapato, si, así era, cada participante debía
contar
con un tacón usado de zapato, de los de
goma y preferiblemente de
hombre. El conseguir uno no era tarea fácil, pues si
casualmente te
encontrabas un viejo zapato tirado por cualquier parte, ya había
sido
mutilado por algún otro chaval q se había adelantado. Los míos
se los
pedía al tío Mariano, el zapatero
del barrio, q aunque siempre
refunfuñaba un poco, me proporcionaba algunos q eran la envidia
de la
pandilla, lo q me permitía canjeárselos
por cromos a los menos
favorecidos.
El juego en si, era muy simple, para jugar, además
del tacón debías
tener cromos, pues se utilizaban como preciada moneda de
cambio entre
nosotros, "los repes" de las múltiples colecciones de la época.
Así como
los fríos billetes de euros actuales, los cromos subían
o bajaban de
valor siguiendo las pautas de siempre, la oferta y la demanda. Un
cromo
de Diestefano, o Puskas se convertía en el mejor tesoro, lo
guardabas o
mejor escondías en casa a salvo incluso de tu madre y solo lo enseñabas
a unos pocos con el único fin de extender tu fama.
Un buen taco de
cromos era sinónimo de poder, de riqueza, con ellos tenías
asegurada la
participación en cualquier juego y como en la vida misma, a mas
cromos,
mas podías arriesgar pero a su vez tenías acceso a mejores ganancias. Si
un día se daba mal y perdías, sufrías como si de una ruina se tratara.
Se marcaban una línea de salida y el orden de participación.
Aquí el
primero era el peor, pues una vez lanzado su tacón unos
cuantos metros
hacía delante, quedaba expuesto al resto de participantes
hasta acabar
la ronda de jugadores. El siguiente en orden de salida, lanzaba el
suyo
con objeto de acertar "tocando" con su tacón al lanzado
previamente. Se
contaba con un margen de error mundialmente establecido "la
cuarta" del
lanzador, esta "cuarta" consistía en estirar
la mano todo lo posible
entre los dos tacones y si se conseguía tocar ambos con la misma
mano,
el tiro había sido bueno, el "tocado" debía pagar los cromos
estipulados
al "tocador" q debía hacer un
nuevo intento hacía otro de los
participantes. Cada uno de los siguientes en jugar, tenía el
privilegio
de elegir a quien "tocar" de
los lanzados anteriormente y así
sucesivamente hasta terminar la ronda, q continuaba con
el q había
tirado primero y así sucesivamente.
¡No!, ¡espera!, ¡espera!, q toco. Tirado en el suelo, estirabas
la mano
todo lo posible para llegar a rozar ambos tacones, había quien utilizaba
los dedos pulgar y el corazón, aunque lo mas frecuente era
hacerlo con
el pulgar y el meñique, el caso era ganar. ¡Chaval!, ¡eres un
tramposo!,
¡no vale!, o me das dos del madrí o no juegas mas. Ilusión.
El rescate
Dos bandos o equipos, ¡bien!, ¡voy con Carlos! (el líder), hoy seré el
mejor, no me cogerán ni aunque lo intenten entre todos.
Una vez seleccionados los equipos siguiendo la tradición, unos corren
para no ser cogidos y otros para poder cogerles, antes de empezar se
definían zonas de "descanso", q solían ser aquellas mas altas
q el
resto, como algún escalón, piedra grande o bordillo, o en otros casos
podía emplearse lo de tocar madera, con lo que cualquier árbol podía
hacer las veces de refugio. El caso era mantenerse a salvo corriendo de
sitio en sitio, evitando ser atrapado por los "enemigos" y en
caso de
tener algún compañero ya capturado, tratar de tocarle burlando a todos
los defensores preparados para cogerte antes de q lo consiguieras.
Cuando un jugador era atrapado por el equipo contrario, se le situaba en
un punto (cárcel), desde donde podía mover todo el cuerpo siempre q
permaneciera agarrado con una de sus manos al punto definido. Así se
iban encadenando uno a uno, agarrados siempre por una de sus manos,
todos los q iban siendo atrapados, de manera q se formaba una cadena q
tenía por objeto facilitar q el último pudiera ser "tocado"
por alguno
de los miembros aun sueltos de su equipo, si esto pasaba, todos los
"presos" quedaban inmediatamente "liberados" y a
disposición del enemigo
para ser capturados de nuevo.
El juego cambiaba de orientación cuando todos los miembros de un mismo
equipo eran capturados. Era entonces cuando los capturadores pasaban a
ser los objetivos a capturar.
Había q ver las contorsiones de q éramos capaces con tal de no ser
atrapados. Conseguir tocar con la mano al último de la cadena de los
presos de nuestro bando y liberarlos resultaba la mayor de las glorias,
como las medallas en la guerra, ¡como te felicitaban los de tu bando!.
Alargar la cadena hacía un lado u otro para favorecer el toque al q
venía a salvarnos, tratar de engañar a los guardianes amagando hacía un
lado para luego correr al contrario. Carreras, ¡NO VALE!, ¡ESTABA
TOCANDO!, ¡ IMBECIL!, ¿no ves q estaba a salvo?. ¡Veras tu madre!, con
ese roto en la camisa. Chiquilladas.
El pañuelo
¿Quien la liga?, había q ser rápido, muy rápido, cuerpos
infantiles en
escorzos inverosímiles con la única finalidad de evitar ser tocado.
El
total de participantes debía ser impar, una vez definidos ambos
bandos
por el método tradicional, el q se quedaba de non, la ligaba.
(termino
por el q se definía al q sujetaba el
pañuelo mientras el resto
participaba).
El juego en sí recuerda mucho a las gestas medievales, un amplio espacio
libre, se marcaba una raya en lo q debía ser el centro de la batalla, el
bastión del pañuelo. A partir de ahí se contaban veinticinco pasos hacía
cada lado, (esta cifra podía variar dependiendo de la
edad de los
contendientes, pero de un juego para otro, no en el mismo), se
marcaba
con otra raya al finalizar cada recuento y se disponían los equipos
en
ambos lados del terreno, sin pisar la marca. El capitán o líder de cada
grupo, asignaba un número a cada participante de su lado, de
forma q
cuando el q la ligaba gritaba el número en cuestión, corrían hacía
el
centro los contendientes de cada lado cuyo número asignado coincidía con
el gritado, a medida q se producían las eliminaciones, se
numeraba de
nuevo a los restantes del grupo siguiendo la estrategia calculada por el
líder.
En el centro, el q la ligaba debía estirar el brazo dejando colgado
el
pañuelo de la mano correspondiente al brazo estirado, sin
oprimirlo.
Como pañuelo nos era útil un
trapo cualquiera. La pareja de
contrincantes, uno de cada lado, empezaban a correr hacía el centro tan
pronto oían su número y una vez llegados a la
altura del pañuelo,
amagaban una y otra vez para tratar de llevárselo
antes de q el
contrincante les tocara, o bien a tocar al adversario tan
pronto lo
descolgara.
Si uno de los contrincantes conseguía q su enemigo pisara o cruzara
la
raya hacía su lado sin haberse
llevado el pañuelo, lograba su
eliminación, si por el contrario el q había cogido el pañuelo era tocado
por su enemigo antes de q alcanzara de nuevo la marca de su lado, el
q
quedaba eliminado era el tocado y si el q cogió el pañuelo
conseguía
llegar a salvo sin ser tocado, eliminaba a su contrincante.
Carreras, voces, siempre voces, q si te he dado, q no, q has pisado
la
raya, pues tu no juegas. El mayor problema era ser eliminado
de los
primeros, no dar la talla. ¡Cuanto aprendí de estos juegos! y ¡cuanto me
divertí!. Algarabía.
El
clavo
Solo se podía jugar cuando venía la época de lluvias. Aquí en la Capital
no podía ser de otra manera, pues era entonces, cuando el suelo se
encontraba suficientemente blando, se nos ofrecían todas las
posibilidades de este juego.
El requisito imprescindible era "el clavo", generalmente se trataba de
una lima de tamaño medio, la zona del mango pero sin mango era la
utilizada para clavar en el suelo. No había muchas, pero como el q podía
conseguir una, tenía asegurado el poder jugar, pues siempre podíamos
contar con esa posibilidad.
Una vez pasada la lluvia, se localizaba un solar o descampado y en él,
el primero en jugar clavaba la lima donde le parecía, lo mas lejos
posible del punto de apoyo, pero con cierta garantía de éxito
(aproximadamente a un par de zancadas de niño), y si lo conseguía, hacia
un circulo alrededor, este circulo serviría de punto de apoyo para el
siguiente lanzamiento y así hasta q fallaba o decidía dar la vuelta en
sentido contrario, si no lo conseguía, se daba paso al siguiente
jugador.
El siguiente debía ir clavando la lima una vez en cada circulo,
emulando a su antecesor. Si la lima no se clavaba, se daba paso al
siguiente y así sucesivamente. Una vez, concluida la vuelta por algún
participante, se pasaba a otra modalidad mas compleja.
Las modalidades q recuerdo son las siguientes:
A "libre", era lo mas fácil, cada uno clavaba la lima como mejor le
venia aunque la forma mas normal de hacerlo era cogiendo la lima por la
parte opuesta al mango y deslizarla con fuerza hacía el suelo.
A "largas" consistía en poner la lima con la punta hacía fuera a lo
largo de la mano estirada, de forma q el dedo corazón junto con la palma
de la mano ocupara la mayor superficie posible de la lima, así, sujeta
esta con el pulgar, permitía q la lima se deslizara con cierto tino.
Esta modalidad permitía mas distancia pero menos fuerza y precisión.
A "trillón", la modalidad q mas me gustaba, consistía en coger la
lima
por la parte q debía clavarse en el suelo y tratar de clavarla haciendo
q esta diera un giro en el aire de 180º.
Olor a tierra mojada, zapatos llenos de barro, rodillas permanentemente
magulladas, voces, risas. vida
Otro
de mis gratos recuerdos infantiles lo marca el juego de las bolas,
¡Q
frasco de canicas tenía!, eran maravillosas, de barro, de cristal,
lisas,
de colores, gordas, pequeñas, incluso una de acero, aunque con
esta
no me dejaban jugar, pues rompía las de barro de mis contrincantes
con
facilidad.
Aquí
se jugaba de manera individual, nada de equipos y quizás por eso
mismo
se me daba tan bien. Conste q era un figura o al menos y mucho mas
importante,
a mi me lo parecía.
Para
jugar bastaba con una bola, aunque si te la ganaban te quedabas sin
la
bola y sin jugar, por eso era importante tener unas cuantas. Al
principio
y para tener opción a jugar me las tenía q hacer yo mismo con
el
barro de la calle, las daba forma con un poco de barro entre las
palmas
y las dejaba a secar en el poyete de la ventana de mi cuarto,
¡como
me fastidiaban las risas cuando algún energúmeno me rompía la bola
de
un chupinazo!, pero no había mas remedio q aguantar y seguir, así
hasta
q conseguí la primera de cristal, con ella resultaba invencible,
pero
vallamos a lo q importa:
El
gua, las bolas o canicas
Podían
participar tantos jugadores como individuos q contaran con una
bola
disponible a poner en juego. Las bolas podían ser de cualquier tipo
y
condición a excepción de las de acero, pero había veces en las q solo
se
jugaba con las de acero y los q no contaran con una, pues a mirar.
Se
hacía un agujero de unos doce centímetros de diámetro
aproximadamente,
con una profundidad parecida al q se le denominaba
"Gua".
El primero lanzaba la bola lo mas lejos q podía, pero el ritual
para
lanzar la bola era curioso, se permitía una dilatación de dos
cuartas,
(la primera con la mano extendida iniciando con el pulgar hacía
el
individuo q debía lanzar, a contar desde el borde del gua o desde la
situación
en la q la bola se quedó en reposo la última vez q la lanzó, y
una
vez extendida esa cuarta q generalmente se medía con la mano
izquierda
(entonces no nos dejaban ser zurdos, aunque alguno había), se
rotaba
sobre el dedo meñique para la segunda) con la derecha se cogía la
bola
a lanzar, entre la yema del índice y el nudo de flexión entre
falanges
del dorso del pulgar, de forma q este último se escondiera en
el
dedo corazón para, simulando un percutor, lanzar la bola lejos y con
fuerza,
pero esto se hacía en contacto de ambas manos sin perder la
referencia
de lo medido (había q ver como se estiraban los dedos para
mejorar
la posición). El siguiente en jugar contaba con la opción de
alejarse
del gua o dar con su bola a la lanzada previamente. Debo
resaltar
q algunos ante situaciones límite, utilizaban otra técnica
también
permitida y q consistía en juntar ambos pulgares con la bola
apenas
sujeta entre ellos y el dedo corazón como percutor, alguno
sobresalía
en estas lides, pero a mi nunca me gustó
Así,
uno a uno, se lanzaban las bolas hasta q alguno atinaba con otra
lanzada
previamente, en cuyo caso debía colar la bola en el gua antes q
su
contrincante "tocado", con riguroso orden de tirada donde el
"tocador"
lanzaba primero. Si la bola del tocador se colaba primero en
el
gua, el tocado perdía su bola en beneficio del tocador y en caso
contrario
la salvaba. Y así hasta q la zapatilla de mama se posaba
dulcemente
en las nalgas del q se disponía a tirar ya de noche.
Nostalgia,
recuerdos, lágrimas ante perdidas irreparables de bolas sin
igual,
saltos de alegría por aquella q te gustó desde q la viste el
primer
día y por fin iluminaba tu bolsillo desde dentro, en fin… ¡vida
intensa!
(o preparación para el devenir de los tiempos).
Las
chapas
Cada
chaval, se había preparado previamente una serie de ellas, la
preparación
en si ya era un dechado de imaginación, se conseguían las
chapas
en algún bar del barrio, se llamaban así a los tapones de los
botellines
de cerveza o refrescos, pero solo servían aquellas q no se
habían
doblado por la acción del descorche, una vez conseguida la chapa
en
cuestión, procedíamos a quitarles el corcho interior, en su lugar se
ponía
un cromo con la imagen de algún deportista conocido. Luego, los
mas
hábiles se habían proporcionado trozos de cristales de ventana
encontrados
en los soles y campos de alrededor, estos trozos de cristal
se
pulían en sus bordes en una especie de cabeza de tornillo q tenían
los
faroles en aquel entonces, también se lograba con una piedra de
pedernal,
pero se rompían mas. Por último, se fijaba el cristal a la
chapa
mediante jabón o cera, debidamente bordeado para q se viera la
imagen
del cromo.
Una
vez recopiladas las chapas, se procedía a construir la etapa, esto
es,
hacer un simulacro de carretera en la arena y/o pintar con yeso
(tiza)
en las aceras, estos recorridos contaban con toda suerte de
detalles,
badenes, curvas, rectas, zonas de penalización donde si caía
tu
chapa tenias q volver a empezar, etc.
Y
ya con las chapas preparadas, los equipos formados y la etapa
diseñada,
se empezaba a jugar siguiendo el orden de selección inicial,
se
disponía la chapa en la línea de salida y haciendo palanca con los
dedos
pulgar y corazón, se daba impulso a la chapa q avanzaba en función
de
lo hábil q fuera el lanzador. En teoría el juego terminaba cuando
todos
los componentes habían alcanzado la meta, pero siempre finalizaba
a
la llegada del tercero o cuarto ya q los lideres no podían estar sin
jugar
mucho rato.